Fallece la gran diva del cine español, Sara Montiel

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Sara Montiel (1928-2013) fue, por derecho propio, la gran estrella del ‘star system’ español. Actriz y cantante, ‘Saritísima’ triunfó en el Hollywood dorado, mientras edjó en el cine patrio otros personajes memorables como ‘La Violetera’ Soledad Moreno o aquella diva Maria Luján que cantaba su ‘último cuplé’.

Montiel trabajó en medio centenar de películas y gabó casi una treintena de discos. Además de protagonizar sus grandes éxitos en nuestro país, triunfó en el Hollywood dorado bajo el nombre de ‘Sarita Montiel’, interpretando a su racial Nina en Veracruz, con Gary Cooper y Burt Lancaster-

En España protagonizó uno de los grandes éxitos del cine español ‘El último cuplé’ (1957), por cuyo 50 aniversario recibió un homenaje en Miami. Pronto se convirtió en todo un mito erótico, una artista que interpretaba seductoras canciones a la estela de un puro: ‘Fumando espero’, ‘Bésame mucho’, ‘La violetera’ o ‘Amado mío’.

En la meca del cine americano firmó contratos millonarios para Warner Bross y United Artits, trabajó con directores como Anthony Mann -su primer marido- y enamoró en la pantalla a galanes como Cooper, Lancaster o Charles Bronson.

Además de Mann, su azarosa vida sentimental incluye otros cuatro maridos. Tras cuatro años de matrimonio con Mann (se separó en 1961 y obtuvo la nulidad en 1963), en 1964 se casó con el productor José Vicente Ramírez Olalla y en 1979, tras nueve años de convivencia, contrajo matrimonio con el industrial mallorquín Pepe Tous -el amor de su vida, según la propia Sara, fallecido en 1992 y con el que adoptó dos hijos: Thais y Zeus.

En 1993, ya viuda, se reencontró con el actor italiano Giancarlo Viola, amigo íntimo y acompañante ocasional de sus viajes. Entre medias, se volvió a casar con Tony Hernández, un cubano de entonces 39 años, declarado admirador de la artista y de dudosa reputación. De este atípico personaje se separó en 2003.

Siempre incluía entre sus amores imposibles al premio Nobel de Medicina Severo Ochoa, al poeta León Felipe, al dramaturgo Miguel Mihura, al cineasta Mario Camus, o incluso a Ernest Hemingway.

Orígenes

De origen humilde, María Antonia Abad Fernández nació el 10 de marzo de 1928 en Campo de Criptana (Ciudad Real-La Mancha) y desde sus tiempos de colegiala en un internado de monjas y el colegio en Orihuela (Alicante), ya deseaba cantar y ser actriz.

Muy jovencita la escucharon durante una procesión de Semana Santa de Orihuela unos directivos de la productora Cifesa, que ofrecieron a la entonces Sarita -huérfana de padre- quinientas pesetas mensuales para contribuir a su preparación artística.

Se trasladó con su madre a Madrid y recibió clases de dicción y canto. Allí fue descubierta, con solo 15 años, en un concurso de jóvenes talentos por Vicente Casanova, fundador de la emblemática Cifesa.

En 1944 y junto a su hermano Manuel, debutó con el sobrenombre de María Alejandra de la mano de su primer representante Enrique Herreros, quien después le puso el nombre artístico para ‘Te quiero para mí’, película de Ladislao Vajda que rodó al lado de Fernando Fernán Gómez.

Siguieron ‘Bambú’ (1945), de José Luis Sáenz de Heredia, con el que repitió en ‘Mariona Rebull’ (1946); ‘Don Quijote de La Mancha’ (1947), de Rafael Gil; ‘Locura de amor’ (1948) y ‘Pequeñeces’ (1949), ambos filmes de Juan de Orduña; y ‘El capitán Veneno’ (1950), de Luis Marquina.

Hollywood

En 1950 marchó a México, donde participó en 13 películas y obtuvo un gran éxito con los directores Miguel Delgado (‘Cárcel de mujeres’, 1951); Emilio Fernández (‘Reportaje’, 1953); y Juan J. Ortega (su recordada ‘Piel canela’, 1953, y ‘Frente al pecado de ayer/Cuando se quiere de veras’, 1954).

EEUU fue su siguiente meta y allí intervino en largometrajes como ‘Veracruz'(1954), a las órdenes de Robert Aldrich; ‘Senade/Dos pasiones y un amor'(1956), de Anthony Mann; y ‘Yuma'(1957), de Samuel Fuller; entre otros.

La artista regresó a España en 1957 para intervenir en ‘El último cuplé’, la cinta más emblemática de esta manchega con la a que será siempre recordada. Trabajó con directores como Luis César Amadori en ‘La violetera’ (1958), ‘Mi último tango’ (1960) y ‘Pecado de amor’ (1961); Tulio Demicheli en ‘Carmen la de Ronda’ (1959) y ‘La mujer perdida’ (1966); Alfonso Balcázar (‘La bella Lola’, 1962); Rafael Gil en ‘La reina del Chantecler’ (1963) y ‘Samba’ (1964); Ladislao Vajda (‘La dama de Beirut’, 1965); Luis Marquina y Jorge Grau (‘Tuset Street’, 1968); Mario Camus (‘Esa mujer’, 1969) o Juan Antonio Bardem (‘Varietés’, 1971).

A partir de los setenta se volcó en la música. Grabó discos, ofreció sonadas actuaciones en directo (‘Bésame mucho’, ‘Sara y… punto’, ‘Saritísima’, ‘Saritízate’, ‘Sara de La Mancha’ o ‘Ven al Paralelo’), espectáculos muy ovacionados, con los que recorrió España y América. En EEUU consiguió subirse en el Hall Lincoln Center de Nueva York.

En 2000 presentó su biografía ‘Toda una vida’ y, dos años más tarde, el volumen ‘Vivir es un placer’, ambos escritos por Pedro Manuel Villora. Dos años después se estrenó el documental ‘Sara, una estrella’ (2002), sobre su vida personal y artística.

Pese a ser una de las más longevas estrellas del cine español, Sara Montiel se mantuvo muy activa hasta los últimos meses, sin faltar a fiestas y homenajes. El año pasado, protagonizó en Nueva York un homenaje en el Cervantes por el medio siglo de El último cuplé. El mes pasado, la gran diva del cine había cumplido 85 años.

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