La UME concluye el último simulacro de incendio antes de la temporada estival

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Militares y efectivos de Emergencias mejoran su coordinación sofocando ‘incendios’ simultáneos en Pliego, Mula y Alhama

«Este año ha llovido bastante, pero haría falta que lloviese antes del próximo verano para que la vegetación no se seque, se transforme en arbusto y se convierta en combustible para el monte»

CANTO JEFE DE EQUIPO DE LA UME

«Para ser de la UME hay que saber hasta dónde estás dispuesto a dar. Tiene un alto grado de sacrificio y hay que entregarse físicamente. Hace falta mucho esfuerzo y concentración porque en un incendio todos somos piezas fundamentales»

PACO GÓMEZ JEFE FORESTAL – COMARCA MURCIA

«El peor incendio que he vivido ha sido el de Calasparra y la Sierra de Moratalla. Se pasan malos ratos, sobre todo al ver a un compañero que se queda atrás. Más de una vez me vi atrapado en el fuego»

Gritos, tensión y adrenalina. Los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) ponen los cincos sentidos en el ejercicio que están desarrollando a caballo entre Pliego, Mula, Alhama de Murcia y Totana. Nunca dejan sitio para la relajación, porque saben que en cada una de sus intervenciones se juegan la vida. Buena prueba de ello es la duración de este simulacro, que arrancó a la una de la madrugada del pasado jueves y que se prolongará hasta las dos de la tarde de hoy. No hay descanso, porque el fuego tampoco ofrece tregua.

Este ejercicio, tipo batallón, es el más importante del año al tratarse de la antesala del verano; después llegarán los sucesos reales. «El año pasado fue muy duro. Tuvimos los incendios de Valencia, Salmerón y la Sierra de Moratalla. Todos ellos de forma simultánea», recordaba ayer el capitán Ángel desde el Puesto de Mando Avanzado que han habilitado la UME y la Dirección General de Emergencias en la Ciudad Deportiva de Sierra Espuña (Totana).

Lo ocurrido el año pasado, cuando el fuego saltó de Albacete a la Región, se tiene muy en cuenta en estos ejercicios. De hecho, el simulacro consisten en tratar de «perimetrar y controlar» dos incendios simultáneos. El primero se desató en una granja porcina, en el Cabezo del Corral de Nogueras, en término de Pliego. Desde allí se extendió hasta el paraje de El Barbol, en Mula, donde se simuló la presencia de una urbanización. Los cien hipotéticos residentes fueron desalojados por Cruz Roja, que se ocupó de desplegar un centro de damnificados en el polideportivo de Mula.

Simultáneamente, otro foco surgió a causa de un accidente de tráfico en la Sierra de la Muela, en Alhama de Murcia. Para terminar de meter presión al dispositivo, se estableció que los pantanos estuvieran al 14% de su capacidad y el viento soplara a 30 kilómetros por hora. «La Comunidad de Murcia está desbordada», advertía el capitán. Solo así se pueden movilizar 450 efectivos del III Batallón de la UME (con base en Valencia) y II Batallón (con base en Sevilla).

«Durante todo el año hacemos 150 ejercicios tipo compañía, aunque con menor extensión y número de efectivos. También alternamos los simulacros por terremoto, inundaciones y nevadas. Pero el ejercicio forestal siempre se repite. Están trabajando en turnos de doce horas, porque es más fácil hacerlo con alguien que ya conoces. También nos permite conocer caminos y accesos a la zona», subrayaba el capitán.

De ahí que también se desplegaran en el simulacro 145 vehículos de emergencias, un hidroavión y un helicóptero para rebajar desde el aire la intensidad de las llamas, además de 145 efectivos del Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento de la Región (CEIS), Unidad de Defensa contra Incendios Forestales (UDIF), Cruz Roja, Protección Civil, 061 y agentes de la Policía Local de los municipios implicados. Ayer se puso a prueba la coordinación de todos estos cuerpos cuando algo tan insignificante como una piña calcinada salta de un lado del monte al otro, convirtiendo en un polvorín otro punto de la Sierra de la Muela. El cabo Martín, del equipo de simulación, enciende entonces candelas de humo y grita: «¡Fuego mi capitán!» «¡Otro foco!».

La mano del hombre

Brigadas forestales y UME se ponen a trabajar codo con codo. En apenas unos minutos despliegan un tendido de mangueras de un kilómetro, para que la vanguardia ataje el fuego. Ahí está el soldado Granero, punta de lanza; en caso de que las llamas sobrepasasen el tendido, sería el primero en salir quemado. Lo tiene asumido. «Se sufre la radiación del fuego; hay que controlar la presión del agua». Granero no puede hacer nada sin su escudero, el soldado Suñer, que trabaja pegado con la manguera. Hasta allí llega el agua gracias a los 3.500 litros de capacidad de cada uno de los camiones autobombas. Unos ‘bichos’ que suben por caminos forestales inimaginables. El escudero quita hierro a su labor. «Tengo que asegurarme siempre de evitar que se enganche la manguera. También freno al punta de lanza en las bajadas». Las vidas de Suñer y Granero están conectadas. Al igual que la de brigadas forestales como Paco Gómez, con 37 años de incendios a sus espaldas, que ya no distingue uniformes en una intervención. Solo ve compañeros. «Una vez saqué a un colega que se quedó atrás; lo até a una goma y tiré de él».

Son medidas desesperadas. «Cuando me he visto atrapado por las llamas, lo que he hecho es empaparme de agua y tirarme al suelo». En estos ejercicios, de lo que se trata es de coordinarse para enfrentarse al fuego, ocasionado en el 80% de los casos por la mano del hombre, y de perfeccionar técnicas. Bien la de ataque indirecto, consistente en abrir caminos entre la vegetación, cortándola con desbrozadoras, motosierras y azadas, o del ataque directo con mangueras.

Tácticas habituales de los dispositivos autonómicos de emergencias y la UME, que solo intervienen conjuntamente con el nivel 2 de alarma. Entretanto, se preparan un nuevo verano de sofocos y alto riesgo de incendio. Es mucho lo que hay en juego.

 

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