Crónica de la Ruta Alto Alhárabe ‘Descubriendo Moratalla’

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Este grupo de andarines insaciables se reúne nuevamente a calmar su apetito de aventura; hoy con nuevos compañeros, partimos en busca del más vivo de nuestros elementos paisajísticos: El Río Alharabe.

Comenzamos remotando su cauce en una moderna caravana de autos, con alguna parada obligada para ver organismos pasadoS petrificadoS, rocas formadas por acúmulos de Ammonites, probablemente del Eoceno. Llegamos a nuestro punto de partida, el Bancal de la Carrasca, desde aquí remontaremos por unas horas el mejor río de montaña de la Región; visitamos el “Pozo de los Azules” en primer lugar, antes ya hemos visto alguna “apifera”, una de las varias orquídeas que veremos hoy, también otra flor poco abundante en la zona, la “Boca de Dragón”.

Las primeras explicaciones son con el ruido de fondo de la cascada que cae al pozo de cristalinas aguas, el cauce es rocoso, aunque en los pequeños acúmulos de sedimentos aparecen multitud de plantas entre las que se incluyen nuevas orquídeas de otras especies. El espectáculo del Alhárabe en esta época del año, y en éste tramo concreto, es de una belleza tal, que nos incita a disparar nuestras cámaras repetidamente. Saltamos de piedra en piedra; mientras cantan Chochines, Ruiseñores, Carboneros y Petirrojos desde la espesura que a ratos dificulta nuestro avance … ya se ha producido la magia … hace rato que nos sumergimos en otro mundo paralelo al nuestro, un mundo natural y salvaje; seguimos sendas trazadas por Jabalíes y otros habitantes del bosque, encontramos rastros de rascaderos, excrementos de Zorro, Turón … Oteamos cauce arriba buscando evidencias de la presencia de la Nutria pero no aparecen, sí vemos alguna de Mirlo acuático y algunos oyen el pitido del Martín pescador. Ocasionalmente debemos abandonar el lecho rocoso y remontar la ladera. También aprovechamos un puente de roca para colocar una cuerda que ayude a evitar resbalones y algún chapuzón en las frías aguas. De vez en cuando rodeamos algún escarpe rocoso que nos eleva sobre la orilla para disfrutar de una vista cenital del río y del bosque de Pinos carrascos y rodenos.

Hacemos una parada para reponer fuerzas y para llevar a cabo un experimento, analizar la calidad del agua del río, dos científicos en ciernes, Manolo e Irene ayudan a Cristina; el resultado es excelente, aunque la búsqueda de macroinvertebrados acuáticos no resulta tan diversas como nos habría gustado, pero la verdad es que no estamos en un lugar de aguas calmadas y abundancia de algas. Seguimos río arriba y Pedro encuentra una curiosidad vegetal, un Hipocístide o Granadilla, parásita de las Jaras pero que se encuentra bajo un Romero.

El río empieza a abrirse y aparecen Mimbreras (Salix frágilis) y Tarays, éstos últimos en flor. Cruzamos un bancal repleto de flores silvestres para llegar ante un espectacular cortado rocoso rojo, buscamos una repisa que lo recorre por su base, elevándose algunos metros sobre el suelo en ocasiones. ¡qué pequeño se siente uno en un lugar como éste! Siguiendo la repisa, accedemos a unos viejos apriscos que indican una gran actividad ganadera en el pasado, antes nos hemos asombrado con el efecto rebote del murmullo del río, casi mágico pues parece proceder de lo alto de los cenajos. Por delante del acantilado vuelan los Aviones roqueros y los comunes y lo más sorprendente, una pareja de Paloma zuritas (Columba oenas), especie sumamente escasa en la comarca. Desde la terraza en que nos encontramos, balcón inmejorable, admiramos un paisaje grandioso que se eleva en los cenajos del otro lado del río; y llegamos hasta otro gran abrigo en el que sugerimos a los excursionistas que busquen la estrella fósil del día, la Nerinea gigantea, en realidad, varias que conocemos y alguna más que encontraremos, restos “positivos” y “negativos” de estos lejanos parientes de los caracaoles que habitaron el antiguo Mar de Tetis. Aquí ponemos final a nuestro avance y ahora comienza el regreso, lo que nos llevará a cruzar el río por un viejo puentecillo de madera, a pasar junto a la Dehesica, seguir disfrutando de gran cantidad de flores y una enorme Encina o Carrasca, lo que trae a colación de nuevo el tema de “los Chaparros” y la confusión con las Coscojas.

Llegamos a los coches, previo cruce “africano” del río, ahora ya sí hace calor casi veraniego. Ya en Moratalla nos dirigimos al Restaurante La Plaza, donde nos espera una gran mesa repleta de embutidos de la zona y cerveza fría. Luego carne o pescado a elegir bien regado con vino de La Tercia de Ulea; magníficos postres y entonces se produce la llamada de la compañera Mavi que se ha acordado de nosotros en la distancia y nos manda besos y saludos; estamos impacientes por contar con ella y Luis de nuevo. Todavía nos queda una sorpresa, Irene aparece vestida con traje de baile y nos hace una demostración de su arte. Nos despedimos y emplazamos para dentro de quince días, aunque todavía algunos visitarán la exposición fotográfica de Flores de Moratalla.

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