SOS Desaparecidos alerta del aumento de casos de personas con alzhéimer que se pierden

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Joaquín Amills preside la Asociación SOS Desaparecidos
Joaquín Amills preside la Asociación SOS Desaparecidos

«Estoy convencido de que muchos de nuestros familiares desaparecidos han sido enterrados sin identificar», afirma Joaquín Amills, que preside la asociación

Joaquín Amills preside la Asociación SOS Desaparecidos
Joaquín Amills preside la Asociación SOS Desaparecidos

«Por desgracia, cada vez hay más casos de enfermos de alzhéimer que desaparecen, como ha pasado recientemente con el señor de Badajoz que están buscando ahora. Lo que es difícil de entender es cómo puede ser tan difícil encontrar a personas mayores, que no pueden ir muy lejos, que incluso tienen problemas para caminar», indica al Diario HOY Joaquín Amills, presidente de SOS Desaparecidos, una asociación sin ánimo de lucro que ayuda a quienes están buscando a familiares desaparecidos.

Esta asociación, constituida en Caravaca de la Cruz (Murcia) en el año 2010, coordina la página web www.sosdesaparecidos.es, en la que se destaca la desaparición de Francisco Torres González, al que llevan una semana buscando en Badajoz, desde que el jueves 29 de agosto desapareció a las 11.15 horas de su casa en la calle Luis de Miranda, de la barriada de San Roque. En la ficha con su foto destacan dos palabras: ‘Alerta desaparecido’ . También se recoge su edad, tiene 75 años, y la ropa que vestía ese día, un polo gris y pantalón beige, zapatos marrones y un anillo con una piedra roja.

En está página en la que se busca a desaparecidos hay otro extremeño que está en paradero desconocido. Se trata de Diego Cascos Cano, de 82 años, que desapareció en Campanario (Badajoz) en febrero de 2010. De 1,70 metros de estatura, tiene la piel blanca y una cicatriz en el muslo derecho. Se indica que podría estar en Marruecos o en Francia.

La asociación SOS Desaparecidos asegura que en España hay alrededor de 14.000 familias que están buscando a un ser querido. «Nosotros hemos calculado esta cifra aunque el Ministerio del Interior dice que no son tantos, pero no nos dan otra». Añade que según los últimos datos de que disponen, en el año 2011 se denunciaron 523 desapariciones. De esos casos se resolvieron positivamente 254 (prácticamente la mitad), mientras que 135 casos se cerraron tras encontrar muerta a la persona que se buscaban. Cinco casos se cerraron de manera voluntaria, 12 fueron de ámbito internacional y 117 denuncias se quedaron sin resolver.

Joaquín Amills se queja de la falta de coordinación de las instituciones en el caso de la búsqueda de personas. «Estoy convencido de que muchos de nuestros familiares desaparecidos han sido enterrados sin identificar. Hay casos demostrados de que ha pasado así.

Ocurrió con un joven de Madrid: su familia hizo lo que debía, denunció enseguida su desaparición ; pero no lo encontraron… y eso que había muerto a sólo dos kilómetros de su casa al atropellarle un coche. El cuerpo estuvo tres meses en el Anatómico Forense y luego fue enterrado sin identificar. Pasados diez años se descubrió que el joven atropellado era el que había desaparecido».

Amills y los cerca de mil miembros de la asociación que preside no entienden cómo el Gobierno no hace más esfuerzos para terminar con el calvario de cientos de personas que desconocen qué ha ocurrido con familiares a os que siguen buscando cuando ya han fallecido. «Queremos saber cuántas personas se entierran al año sin identificar, pero no nos lo dicen». Han pedido que se designe una unidad policial científica encargada de estudiar todos los casos de desaparecidos. Quieren saber cuántos cadáveres han sido enterrados en los últimos 15 años sin saber quiénes son. Piden que se consiga su ADN y se coteje con los ADN de las personas que buscan a un familiar. Para ellos no es complicado.

«Exigimos hechos»

En la página web de la Asociación, Joaquín Amills se muestra muy reivindicativo. «Estamos cansados de buenas palabras, de protocolos que jamás se cumplen, de promesas falsas que solo pretenden quitarnos de en medio y llevarnos con nuestros familiares al mundo de los desaparecidos». Dice que los miembros de la Asociación ya no quieren palabras. «Exigimos hechos, exigimos compromisos reales, exigimos que cumplan con la Constitución, con los derechos humanos».

Recalca que la opinión pública debe saber que después de una desaparición , «siguen dramas como puede ser el embargo de bienes al no poder hacer frente a la hipoteca los familiares, congelación de pagas y un largo etcétera que solo viene a incrementar la dura existencia de padres, hermanos o hijos de los desaparecidos».

La cifra de los desaparecidos aumenta en un porcentaje importante con los casos de padres o madres que buscan a sus hijos pequeños. Sospechan que han sido llevados por la que antes fue su pareja. «La verdad es que más que casos de desapariciones son casos de secuestros», comenta Amills.

También hay casos de personas que desaparecen para huir de la justicia, o personas que oficialmente han muerto ahogadas. Ese le indicaron que era el caso de su hijo, desaparecido frente al litoral de Punta Polacra, en la costa de Almería, en el año 2008. Le aseguran que su hijo murió ahogado cuando viajaba en una embarcación de recreo junto a otra persona, un conocido. Éste pudo ser rescatado por un pesquero que faenaba en la zona, pero el cuerpo de su hijo no apareció. Joaquín Amills no cree la versión del accidente. «En el caso de mi hijo hay muchas dudas. Porque es verdad que hay algunos que desaparecen y otros a los que hacen desaparecer».

Al drama de las cientos de personas que pertenecen a la asociación SOS Desaparecidos, se une el de la familia de Francisco Torres, al que los amigos llaman Kiko.

Una familia de Badajoz que lleva una semana angustiada, que agradece la colaboración de la instituciones y de los vecinos de la barriada de San Roque. Después de horas de búsqueda por parte de cientos de voluntarios y profesionales, la gente no entiende cómo puede estar desaparecido este hombre de 75 años, que además caminaba con dificultad.

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