Crónica Ascensión a Revolcadores desde Los Odres en la 1º Ruta de la VII Edición ‘Descubriendo Moratalla’

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Con el nuevo año, desempolvamos botas y mochilas, dispuestos a disfrutarlo en primera persona, ya que no queremos perdernos ni un minuto de las nuevas estaciones, ahora por venir.

Estamos en pleno invierno, y tras una Navidad algo lluviosa, decidimos comenzar el 2014 buscando la nieve en la cumbre más alta de la Región, el pico de Los Obispos en el macizo de Revolcadores, Sierra Seca.

Es nuestro particular homenaje al año que empieza, pues ascenderemos sus 2014 metros, que casualmente coinciden con la nomenclatura del actual año de nuestra era. Nuestra intención, nos lleva a partir hacia la aldea moratallera de Los Odres, punto de inicio de esta ruta.

Una espesa niebla “nos traga” literalmente poco después de la sierra de Mojantes, y nos sume en un irreal mundo nebuloso, por el que avanzamos ciegos de paisaje, a sabiendas que más allá del mar de nubes el sol nos espera radiante. La vegetación que nos rodea se desdibuja a nuestro paso, hasta que por fin atisbamos la silueta de las primeras viviendas de la aldea.

Nos reunimos con nuevos compañeros en los Odres, desde donde buscamos la protección del Barranco del Rey para nuestro ascenso. Ésta quizás sea una de las subidas a Revolcadores más cómoda y atractiva. El ascenso por el barranco, facilita nuestro paso, a la vez que nos permite reutilizar uno de los otrora caminos por los que los madereros accedían a estos bosques de pinos Laricios, dándole un nuevo y gratificante uso.

Vamos bien pertrechados contra el frío, y conforme el ascenso se hace más pronunciado, el mar de nubes por el que antes buceábamos, se muestra en toda su magnitud. De un blanco radiante, cubre todo el fondo del paisaje como una toronda de algodón gigantesca. Son nuestras primeras fotos del día, excepcionalmente únicas…un precioso regalo que premia el madrugón. Por el barranco nos adentramos en el denso bosque de pinos laricios, a los que acompañan encinas de diferentes portes, y enseguida notamos que el sol, también quiere obsequiarnos con una temperatura impropia de la época…hasta las aves se comportan de manera “primaveral”, hoy los bandos mixtos del invierno, se han disgregado, y carboneros, mitos pinzones y agateadores salen a nuestro encuentro, lejos de sus compañeros del invierno.

El sinuoso barranco, nos lleva con facilidad hacia el interior del macizo montañoso, y nos va mostrando poco a poco la vida que encierran estos bosques. La magia del Muérdago, pleno de frutos, la Gayuba desparramada por las laderas, como una suerte de melena vegetal, musgos, líquenes y humildes helechos que dan fe de la humedad media de este ambiente…y los Pinos laricios, de altura y rectitud portentosa, que hicieron imaginar al hombre unos mástiles de velas hinchadas al viento…

Los metros se suceden en ascenso, no en vano, estamos disfrutando probablemente de la ruta a mayor altitud que se puede realizar en nuestra Región, ya que partimos desde 1350msnm…no hay aire más puro que limpie nuestros pulmones y nuestros espíritus. Encontramos un recodo soleado, con unas gradas perfectas para almorzar y reponer fuerzas antes del ataque final a la cumbre, y es a partir de este punto cuando empezamos a encontrar la tan ansiada nieve, tímida al principio, ya nos acompañará hasta arriba. Aunque el sol “calienta de lo lindo”, la nieve está helada en muchos tramos, por lo que se produce algún resbalón que otro. Llegamos a la meseta de la cumbre justo donde se encuentra la Sima de la Torreta para desde allí, dirigirnos hacia la cima. No tardamos en ver el Vértice Geodésico y a su lado, el brillo plateado del buzón de cumbre, donde montañeros nacionales y de todo el planeta, dejan sus mensajes, impresiones y hasta deseos al mundo. Un “muro” a 2014 metros…lejano buzón que acerca nuestros anhelos a las nubes…

Tenemos hoy otro regalo: una cumbre limpia de nubes, con una transparencia y calma total, que muestra un paisaje en 360º de rotundidad y cumbres lejanas. Imposible encontrar mejor atalaya…las sierras de buena parte de la Región de Murcia, Albacete, Almería, Jaén, Granada…picos y más picos de agrestes montañas que nos retan desde el horizonte a visitarlas. Mar interminable de roca caliza, algunos visten de fiesta, como La Sagra, la Sierra de María o Sierra Nevada, con un manto blanco de nieve que se torna en brillo diamantino bajos los rayos del sol. Nos acompañan otros montañeros en esta espectacular mañana, y todos dejamos cita de nuestro paso en el buzón de cumbre, para retornar en diversas direcciones en busca de nuestros caminos de vuelta. Así, nos dirigimos hacia el Majal de La Sima, y en el descenso encontramos los rastros frescos de la Gineta, que antes habíamos esperado durante el ascenso…es evidente que su casa es muy grande, y no siempre está donde se la espera. Llegamos ante la sima, que casi nos pasa desapercibida, no en vano, actúan como trampas naturales. Los restos del cadáver de una cabra, así lo corroboran. Un último ascenso, nos coloca sobre el áspero e impresionante lapiaz, característica geomorfológica propia de zonas cársticas, que atravesamos guiados por la habilidad de Jesús para sortearlo con facilidad, pero que ya no resisten las botas de alguno de nuestros compañeros de esta mañana, como Gonzalo, y es que las suelas de goma, aunque tengan buen aspecto, también caducan, más aún cuando las enfrentamos a suelos tan difíciles. Una dificultad más que en su caso engrandece su hazaña personal. El último tramo de nuestro trayecto, discurre ahora por el Collado del Pino Gordo, la antigua comunicación entre Inazares y Los Odres, una preciosa senda que desciende hasta la aldea, donde nos espera Onorato preparándonos unos deliciosos platos, para sumergirnos ahora de otro modo en la personalidad de este espectacular macizo calizo, a través de una rica gastronomía preparada con esmero. Especial mención a la mermelada de tomates verdes con que acompañó el queso al horno, exquisitas migas, un delicioso arroz con caracoles, pollo campero y conejo casero, vino de nuestra tierra, y unos postres maestros, fueron el colofón a una jornada de alta montaña.

Abrumadoras las vistas y vivencias, ahora formamos parte de estos altos riscos, que nos hicieron sentirnos tan frágiles y pequeños…pero a la vez tan poderosos…con el mundo a nuestros pies.

Posdata: Para algunos, el día se alargó en la zona un poco más, lo que permitió visualizar un impresionante atardecer del que acompañamos varias fotos.

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