OPINIÓN |Desdichada decisión de gravar los despidos improcedentes

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Pretender argumentar y razonar la obligación de los despedidos a cotizar en el IRPF por sus indemnizaciones, y además querer justificarlo como un principio de “equidad” en su tratamiento fiscal, supone un insulto para el trabajador, que no solo sufrirá la pérdida de su empleo, sino que se atenta contra esa reserva económica con la cual intentará mantener a su familia hasta que nuevamente encuentre ocupación, posibilidad harto difícil dada la precaria situación en la que se encuentra el mercado. Prueba evidente de ello es que hasta la Organización de los Inspectores de Hacienda han declarado que: “no es el momento” por la crisis y las dificultades de muchos ciudadanos. Solo podría entenderse para indemnizaciones millonarias. Más claro imposible.

Por una lógica aplastante, hasta ahora, las indemnizaciones por despido improcedente, estaban totalmente exentos de cotización, dado que el legislador entendía que dicho importe debería respetarse íntegro y totalmente por suponer el sustento para el trabajador y su familia, considerándose una violación el gravar fiscalmente dicho importe y con toda la razón. La desdichada medida aprobada, afectará a todos los despedidos desde el pasado 20 de junio, con una cuantía mínima exenta de 2.000 euros por año trabajado. Gastar ingentes cantidades en publicidad contra los defraudadores para luego adoptar medidas de este tipo, si que constituyen un auténtico fraude.

El ministro Montoro (PP), legislando tan desacertadamente, lo único que ha logrado es recordarle al despedido que a partir de ahora su infortunio será todavía mayor. Atentar contra un menesteroso implica una tremenda inmoralidad y toda una indecencia en opinión de cierto grupo político, al que en esta ocasión hay que felicitar por lo acertado del calificativo. Tratar de incrementar los ingresos de Hacienda con el despido tras haber aprobado una Reforma Laboral que proporciona más facilidades al haberlo abaratado, resulta vergonzoso. Esta manía de los populares de tomar a los ciudadanos por idiotas con reformas fiscales que no convencen a nadie, solo consiguen incrementar la desconfianza y la desafección hacia su partido, PP, cuya única pretensión pasa por intentar recuperar los 2,6 millones de votos perdidos en los recientes comicios  europeos, pero eligiendo muy mal el camino al optar por la vía del engaño una vez más.

Posiblemente, el ministro de Hacienda, en lugar de dedicarse a cometer arbitrariedades y mostrarse ocasionalmente con actitudes desafiantes, debería reflexionar que en un contexto socio-económico como en el que nos encontramos, gravar las indemnizaciones por despido es totalmente desafortunado. ¿Se imagina don Cristóbal lo que puede pasar por la mente de un trabajador, que con independencia de la tragedia que le supone el haber perdido su empleo, tenga que pagar a Hacienda una parte de su indemnización?, ¿cruel verdad? Lo lógico sería lo contrario, es decir, proporcionarle toda la ayuda posible pensando lo que significa quedarse parado y con familia a su cargo.

Mil veces hemos escuchado y leído que Zapatero (PSOE) dejó a España como unos zorros. En efecto así fue pero a este paso, los del PP, se han propuesto cargarse lo poco que queda. La fórmula que están aplicando es magistral: Reforma Laboral con despidos mas baratos, contratos temporales con salarios de miseria, y si hay que despedir, que los trabajadores contribuyan con una parte de su indemnización para Hacienda. La estrategia es de premio Nobel de Economía; más redonda imposible.

Algunos consideran que en esta ocasión Rajoy ha sido sorprendido. Autorizar una norma sobre el despido como la auspiciada por su ministro puede suponerle su sentencia de muerte políticamente hablando. La cuantía del voto popular se resentirá muy seriamente en todos los procesos electorales previstos para el próximo 2015, entre otras razones por semejante latrocinio. Tratar de justificar la implantación de esta impopular medida para efectuar otras mejoras, ha sido una mamarrachada total que no admite justificación. Perder el puesto de trabajo es terrible, pero que encima te roben parte de la indemnización para alimentar a los tuyos y poder seguir pagando la hipoteca, toda una canallada.

Acciones de este tipo atentando descaradamente contra los débiles son inhumanas y suponen tal bajeza que nadie esperaba, habiendo superado con creces la capacidad de asombro entre los militantes, simpatizantes y votantes del propio Partido Popular. Es imposible que la implantación de medidas tan sangrantes como la comentada, puedan favorecer electoralmente a ningún partido. Veamos ministro: ¿no existía ningún otro nicho donde arañar esa cantidad antes de cometer semejante tropelía con los más humildes?

Los populares deberían haber pensado que despidos improcedentes van a continuar produciéndose durante varios meses y afectando a miles de trabajadores, lo que mantendrá un ambiente terriblemente hostil, no solo por parte de los afectados sino de sus familias y amigos contra la formación popular. El odio y rencor serán terribles. Montoro y el Gobierno habrán ganado más detractores y perdido tal volumen de votos como nunca imaginaron. Ni la más feroz y agresiva campaña orquestada por el PSOE y a cargo del mismísimo Rubalcaba cosecharía un éxito similar. La parida de gravar fiscalmente la indemnización por despido va a suponerle a Rajoy el mayor de sus descalabros. Habrán conseguido que laboralistas (abogados y graduados sociales), despachos y sindicatos se unan en un bloque crítico contra el PP para censurar la desatinada  decisión del titular de Hacienda y por ende, del Partido Popular. Los efectos perversos de la desafortunada medida pueden resultar inesperadamente catastróficos, que afectarán también entorpeciendo las negociaciones de los ERES y a aquellos trabajadores despedidos con una retribución media anual en torno a los 24.000 euros.

Miles de los afectados por tan equivocada normativa son sabedores de que serán despedidos. Tras haber permanecido muchos años en sus respectivas empresas son conscientes que por sus edades y el paro existente, difícilmente van a encontrar un nuevo empleo, motivo por el cual, una buena indemnización les permitiría pagar la Seguridad Social durante unos años y así poder prejubilarse con un mínimo de dignidad, si bien, ante la nueva situación deberán modificar sus planes en todos los sentidos.

Es muy triste que toda esta sarta de ocurrencias y alguna más no se aplicasen a las indemnizaciones de todos aquellos políticos y sindicalistas, instalados en los consejos de administración de las Cajas de Ahorros adjudicándose jubilaciones de oro. Es despreciable la comisión de tales diferencias, beneficiando a las grandes fortunas y expoliando a miles de trabajadores, sufridos cotizantes durante largo tiempo, que ahora se ven tratados miserablemente.

Son legión los que se han enriquecido a golpe de favores, prebendas y estafas; en definitiva, corrompidos hasta las trancas y sin escrúpulos. Aquí nadie o casi nadie asumen culpabilidades y responsabilidades ni son encarcelados por robar a la clase trabajadora en forma de recortes, preferentes, multas, impuestos confiscatorios, etc. Nuestro futuro pinta negro y nuestra juventud, de solada, otro tanto de lo mismo. Solo crece el  desempleo, la explotación y el trabajo precario y mal pagado. Los jóvenes, muchos de ellos excelentemente preparados, universitarios, masters e idiomas, solo disponen del recurso de buscar trabajo en el exterior.

Esta y no otro es el auténtico panorama  y el futuro que muy pronto nos ofrecerán los distintos partidos  en sus malditas campañas electorales, con listas cerradas, para defender a los suyos y mantenerse en el poder o tratar de alcanzarlo, pero sin preocuparles lo más mínimo la ciudadanía. No olvidemos que en el 2015 seremos sometidos nada menos que a tres procesos electorales como motivo de celebrarse elecciones municipales, autonómicas y generales, con la desfachatez de pedirnos el voto, de ahí que cada vez crezca más la abstención y la expresión de que ¡conmigo que no cuenten! Hartos de tanto abuso, mal trato y desconsideración.

José-Tomás Cruz Varela

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