Crónica de la Ruta 5: Orihuelo – Castillico de Hoya Amarga ‘Descubriendo Moratalla’

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Crónica Orihuelo-Castillico de Hoya Amarga

El primer domingo de la recién estrenada primavera, nos disponemos a pasarlo disfrutando de una nueva excursión. Es la zona conocida como el Orihuelo, en el Campo de San Juan, la que hoy nos mostrará sus secretos. Estas primeras horas primaverales, nos demuestran que los refranes existen por algo, y dada la baja temperatura que nos hemos encontrado hoy, recordamos uno que viene que ni pintado: “Cuando Marzo mayea, Mayo marcea”.

Así, ya en el punto de inicio de nuestra ruta de hoy, y aprovechando que han abierto para nosotros más temprano el restaurante Al-mont-e donde comeremos al finalizar, comenzamos con un reparador y calentito café que nos entona el cuerpo, y nos dispone a la aventura. El día se presenta soleado y en cuanto iniciamos camino, nos damos cuenta que los almendros están aquí en plena floración, embelleciendo el paisaje que nos rodea. Llegamos a la fuente del Corral del Orihuelo, una de las múltiples surgencias de agua de la zona, que atrae entre otros a un buen número de Pardillos, Jilgueros, Verderones y Verdecillos, que a pesar del tamaño del grupo y nuestros coloridos ropajes, enseguida que guardamos silencio y observamos, comienzan a moverse a nuestro alrededor, buscando la deseada agua. Continuamos camino para acercarnos a una pequeña depresión, en la que los Pinos laricios y los Piornos, crean una tarjeta viva de un paisaje de alta montaña, en medio de los cultivos que aún nos rodean. Reparamos en uno de los pinos, el cual muestra evidencias de la extracción de teas.

El sol hace su trabajo, y nos obliga a despojarnos de algo de ropa antes de adentrarnos en el bosque de Laricios, Enebros y Sabinas, entre las que se mueven oscuras sombras que resultan ser Mirlos capiblancos, que probablemente ya están viajando hacia sus lugares de cría. Llegamos a un punto de unos escasos 10 metros cuadrados, donde por caprichos de la Orogenia Alpina, nos es mostrada toda la Era Secundaria, ya que tenemos a la vista, porciones de suelos formados en el Triásico, Jurásico y Cretácico.

La marcha continua, cuando Carmen encuentra unas ignitas en una piedra. A pesar de su aspecto de “arbolillo”, son pistas fósiles producidas por algún organismo marino al desplazarse alimentándose por el fondo de aquel antiguo mar, lo cual nos suma una nueva época geológica más cercana a nosotros. Casi no andamos ni tres metros, cuando es un nódulo de sílex en una Dolomía el que ahora hace que disparemos nuestras cámaras, no sin antes comprobar lo cortante de uno de los filos que han quedado a la vista. Al inicio de la senda que nos conducirá al barranco del Agua Podrida, encontramos una letrina de Tejón, y Rick, uno de nuestros compañeros ingleses, nos comenta que en algunas zonas de su país, su exceso de población se ha convertido en un problema, ya que transmiten enfermedades a las vacas.

La ascensión, la haremos por este pequeño y sorprendente barranco, donde la erosión de las dolomías ha provocado hermosas formas que recogemos constantemente con nuestras cámaras. La ascensión es muy suave, y prácticamente sin notarlo, llegamos al collado previo al Castillico de Hoya Amarga, que sirve de descansadero al ganado que hoy como hace milenios, sestea en la protección del mismo. Los restos de un lienzo de muralla y un abrigo de pastor, ya delatan que este lugar ha sido utilizado desde épocas remotas hasta nuestros días.

Acabamos nuestra ascensión por la arista dolomítica que nos conduce a la cumbre, desde donde tenemos unas vistas magníficas de la zona, y entendemos la razón de estos poblados de altura, siempre situados en puntos estratégicos, pero nos cuesta imaginar las condiciones de vida tan duras que debieron sufrir nuestros antepasados argáricos. Identificamos todos los puntos que divisamos desde nuestro “nido de águila”, y tras la foto de rigor para constatar que estuvimos engarbados en tan histórico punto, comenzamos el descenso por otro barranco también de curioso nombre, el del Agua Amarga. Sin duda, estos topónimos hablan de la presencia de azufre en la zona.

Otra preciosidad de paisaje, en este caso encañonado entre bloques de roca, que nos obliga de vez en cuando a bajar como podemos los gigantes escalones de piedra. En el vadeo de uno de estos saltos, la casualidad nos muestra un gran corral escondido de toda vista, al abrigo de un resalte rocoso, ya derruido y completamente tragado por la vegetación, pero construido con gigantescas piedras en su base. Suponemos, que este recóndito corral, está asociado al poblado que acabamos de abandonar. Protegido por el salto del barranco y el abrigo de roca, era el lugar idóneo para mantener el ganado protegido de los amigos de lo ajeno. Salimos de este paseo por las andanzas de nuestros antepasados a campo abierto, y nos encontramos con la agradable sorpresa de un paisaje ya con el sol en su cenit, deslumbrante de flores de almendros blancas y rosas…a lo lejos, forman un bello tapiz mezclados con el verde intenso de la siembra que a pesar de la sequía, se empeña en crecer.

A la belleza de este rincón del Campo de San Juan, se suman ahora los colores que poco a poco traerá la primavera, no podemos dejar de admirarnos e intentar recoger con nuestras cámaras la intensidad de la que disfrutan nuestras retinas. Casi sin darnos cuenta, ha pasado la mañana y nuestro camino se acaba justo donde empezamos. Ahora ya nos hemos ganado la recompensa de paladear el buen hacer de la gente de la zona en lo que a la gastronomía se refiere, aunque esta vez, será diferente.

Tenemos una oferta tan completa de restauración en nuestro municipio, que hasta en medio del campo, te encuentras con un restaurante como el Al- mont-e, que a la vez que platos tradicionales, ofrece comida de autor. Así que hoy, queremos probar una muestra de su carta…bombones de foie con mermelada de higo casera, croquetas de cocido, chipirones en salsa de ñora, arroz con verduras y costillejas acompañados con el vino de la Tercia de Ulea, además de unos postres caseros que seguro que eran pecado, y una compañía inmejorable completan la jornada…

¡Pero no! Una de las ventajas que tiene estar comiendo en un recinto acristalado, es que el cuadro de fondo, es un paisaje real, y mientras paladeábamos las ricas viandas, un Busardo ratonero y un Buitre leonado, tuvieron a bien planear sobre los almendros en flor delante de nuestros ojos…¿Qué más se puede pedir?

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