“Si pasan unas horas más… el chaval ni lo cuenta”

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Cuando llegas a un hospital con un dolor tan insoportable que apenas puedes moverte, lo único que deseas es que te curen lo antes posible. Está claro que todo tiene su tiempo. Los profesionales sanitarios deben actuar sin prisa… pero sin pausa, porque una pausa tan alargada como la que yo viví pudo perfectamente acabar con mi vida. Así de tajante tengo que mostrarme cuando sufrí en mis propias carnes la sensación de que el tiempo pasaba y la infección que habitaba en mi interior se iba expandiendo por el resto de órganos de mi cuerpo. El reloj empieza a correr mientras te detectan la enfermedad: unas primeras pruebas manuales que dan paso a una ecografía y, luego, esperas a que el médico te confirme el diagnóstico, nada favorable. Una apendicitis aguda muy avanzada, cuya operación sería “inmediata o a primera hora de la mañana, depende de lo que diga el cirujano”, me informó la médica de guardia del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia.

Hospital Virgen de la Arrixaca Foto: murciasalud.es

Sí, soy de Bullas y me trasladaron a ese hospital porque estaba en mi piso de estudiantes en Murcia capital. ¿Veis algo extraño en eso? Porque la primera pregunta que recibí por parte de un miembro de la ambulancia fue:

“Pero si eres de Bullas, ¿qué haces aquí?”.

Sin comentarios. Ahora resulta que si se te presenta una urgencia como tal, no puedes estar fuera de tu pueblo y que te atiendan como una persona normal. Empezaba bien la noche…

Una noche que se me hizo eterna. Te ponen todos los medicamentos que pueden para que cese el dolor y te dejan ahí, en la cama. El tiempo pasa muy lento y con el alivio te relajas. Ya has sufrido algo entre la fiebre incesante, los vómitos después de cenar y el fuerte dolor abdominal. Pero eso no es nada, todavía me quedaban noches de un sufrimiento inimaginable. No es necesario ser médico para saber que con esos calmantes la infección no se cura hasta la operación. Pero claro, tú piensas: “Bueno, ellos son los especialistas, los que entienden. Supongo que no empeorará el asunto si me operan más tarde”. No te queda otra que confiar en los doctores, estás en sus manos.

En manos del cirujano de aquella inolvidable noche estaba yo. Sin embargo, mi presencia en su hospital no sería agradable por mucho tiempo. La misma chica —pues era bastante joven— que me había anunciado la operación, se aproximó hasta mí para darme la sorprendente noticia:

“No te podemos operar aquí, Iván. No estás empadronado en Murcia, sino en Bullas; por lo tanto, te pertenece el Hospital Comarcal del Noroeste de Caravaca“.

Apenas tengo fuerzas para soltar un “vale”, aunque en mi mente estoy maldiciendo el dichoso asunto administrativo que se estaba imponiendo de manera clara sobre un tema mucho más importante y serio: mi salud.

Hospital Comarcal del Noroeste Foto: laopiniondemurcia.es

En principio no había problema. Todo estaba arreglado para mi traslado en ambulancia hasta Caravaca. “El cirujano ya ha sido avisado y te estará esperando para operarte mañana temprano“, me vuelve a informar la médica. Bien, no tengo por qué preocuparme… o sí. De nuevo me remito al paso del tiempo. La situación se fue tornando cada vez más alarmante con el paso de las horas.

Mi ingreso en La Arrixaca fue sobre las 02:00 horas de la madrugada del sábado; la intervención debía ser lo antes posible porque la infección se podía propagar a órganos importantes —como el hígado— y mi vida podría correr peligro. No lo digo yo, lo dice el que acabaría siendo mi cirujano:

Si pasan unas horas más… el chaval ni lo cuenta. Si llega un paciente así a mi hospital, lo primero que hago es operarle”.

Imaginad la reacción de mi madre al recibir esta impactante declaración. Me había visto sufrir mientras el reloj corría y nadie movía un músculo.

Aquí viene lo fuerte. La maldita ambulancia no me recogió hasta las 10 de la mañana y, por si mi demora había sido insuficiente, a los quince minutos de camino el conductor recibe una inoportuna llamada… y vuelve a la Arrixaca a por un paciente al que le habían dado el alta. El despropósito no termina ahí, pues tuve que esperar otra hora hasta que subieron el par de ancianos. La indignación e incertidumbre que reflejaba mi madre parecía no perturbar la tranquilidad del conductor, que luego se daría cuenta del error que había cometido.

A las 12:30 horas llegué a Caravaca. Rápidamente fui operado por el médico cirujano ya citado. Reconozco que es un hombre muy amable y atento. Siempre que estaba en el hospital se pasaba a ver mi estado —aunque no le tocara consulta—. ¿Y por qué? Porque sabía que habían cometido una injusticia (por no decir negligencia) conmigo, desde Murcia. En efecto, la proliferación de la plaga se confirmó y de apendicitis pasó a peritonitis aguda muy avanzada. A los 3 días de la primera operación fue necesaria una segunda, después de estar una noche entera vomitando sin cesar. Dos intervenciones en cuatro días que tendrían sus consecuencias. Las dos anestesias generales que me administraron me provocaron algo nunca visto en una persona joven: la imposibilidad de orinar y un dolor insoportable para incrementar mis días en el hospital.

En la cama del hospital, el  último día de ingreso. Foto: Iván Sevilla

Hasta 18 días ingresado. Sonda por aquí, sonda por allá. Noches enteras sin dormir. Atiborrado a medicamentos y antibióticos, algo que no impedía esos dolores inesperados que volvían a golpear mi cuerpo, tan débil. Mis fuerzas estaban por los suelos y los días sin poder comer ni beber han hecho mella en mi: 6 kilos menos.

Las enfermeras y médicos no daban crédito. Una peritonitis muy complicada. Y todo porque desde La Arrixaca no habían hecho bien su trabajo. La cuestión es bastante simple: o me operas o me trasladas lo antes posible, que ambulancias disponibles hay a todas horas.

Me parece espantoso que se anteponga un tema administrativo (el empadronamiento) a la salud de un ser humano. Una actitud totalmente insensata e imperdonable para unos profesionales sanitarios que juegan con nosotros, actuando así.

El sufrimiento hacia mi persona y el gasto innecesario para la seguridad social por estar tanto tiempo ingresado son inadmisibles. Espero que la reclamación que envié sirva para que esto no se vuelva a repetir, porque el derecho a una sanidad de calidad no está ligado únicamente a un hospital. Entiendo que para operaciones previstas con tiempo acuda al centro sanitario que me pertenece, pero cuando es una urgencia deben atenderme en el hospital más cercano. Con la salud seamos serios, por favor.

Fuente: elperiodicum.es

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