M83 cierra el festival SOS 4.8 con su música de otra galaxia

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Festival SOS 2013
Festival SOS 2013

En un escenario de cuento de hadas, cubierto de estrellas y luces, la música cinemática y poderosamente sugerente de M83 protagonizó la segunda jornada de SOS 4.8, que se ha celebrado este fin de semana en Murcia y ha cerrado su sexta edición con una asistencia de unas 60.000 personas entre viernes y sábado.

El festival ha vuelto a confirmarse como uno de los más importantes de España para los aficionados al pop-rock independiente y la electrónica. Entre los puntos negativos de este año, sólo hay que señalar la triste tragedia de la muerte de un joven que había asistido al evento desde Madrid, y que apareció muerto en la mañana del sábado en el río Segura, que discurre cerca del recinto.

La propuesta de M83 siempre estuvo vinculada a una cierta idea romántica del arte, que invita a soñar con galaxias lejanas a través de la belleza. A nadie extrañó la decisión del francés Anthony Gonzalez de firmar recientemente la banda sonora de ‘Oblivion’, una producción de Hollywood que dibuja un mundo futurista donde la Tierra es sólo un desierto apocalíptico.

En Murcia optó por un ‘show’ bicéfalo, que en algunos momentos se decantó por su faceta más pop e integradora, apoyado en el que es su gran éxito, ‘Hurry up, we’re dreaming’ (2011), y en otros se desbocó en una música experimental, una suerte de rock progresivo atizado por chorros de electrónica.

Si escuchar sus discos puede llegar a ser una experiencia sutil y ensoñadora, en directo el grupo trata de apabullar con un espectáculo que no se detiene, gracias a la ayuda de un batería, una teclista y una suerte de animador hiperactivo, que toca la percusión y se agita por el escenario sin descanso. Mientras tanto, Gonzalez (voz, guitarra), situado en el centro, manipula sus cacharros electrónicos, como si fuera un Mesías cuyo credo apenas necesita de palabras.

Dos formas de entender la electrónica

Lo que hace Pascal Arbez en su último ‘show’, de nombre ‘VTLZR’, es intentar conectar con los instintos más primitivos del ser humano. Vitalic nunca se ha caracterizado por lánguidas sutilezas: lo suyo es música directa y bruta, una potente descarga de ‘house’ y ‘techno’ que sólo pretende agitar al oyente, sacudirle y llevarle a un estado de trance.

El sábado en Murcia lo consiguió a pesar de las horas intempestivas de su actuación, que no comenzó hasta las 3 de la madrugada. A la postre, fue el mejor cierre posible para el festival, con todo el público bailando en extraña comunión. Recuperó himnos antiguos (el magnífico ‘No fun’) e interpretó gran parte de su última obra, ‘Rave age’ (2012), con la ayuda de un batería que reforzaba el ritmo.

Por su parte, sus compatriotas Justice, que en SOS 4.8 actuaron en su faceta de DJ’s, optaron por combinar diferentes estilos, de la música negra al pop, siempre con un ojo puesto en esa electrónica fiestera que les ha popularizado gracias a éxitos como ‘D.A.N.C.E.’.

El producto español se vende bien

No es ningún secreto que Lori Meyers pueden combatir a día de hoy en un festival nacional con cualquier estrella que venga de fuera. Su pop de estribillos fáciles nunca falla: la masa les adora y no duda en cantar con ellos, sin ningún atisbo de sonrojo, estribillos como “Yo no necesito hablar para expresar una emoción, me basta sólo con mirar… Pero sí necesito amar, que es mi única ambición”.

Pese a que su disco más reciente, ‘Impronta’ (2013), posiblemente sea uno de los más flojos de su carrera, los granadinos ya tienen una serie de tics (las euforizantes parrafadas de Noni, el cantante, o sus ‘striptease’ en directo) y suficientes temas conocidos (‘Alta fidelidad’, ‘Luces de neón’) como para no fallar. Frente a la vía de la sencillez y del pop inmediato de Lori Meyers, los madrileños Los Punsetes demostraron por qué son uno de los referentes de la nueva música independiente que se está haciendo en España en los últimos años.

Sus letras son incómodas, casi hirientes (‘Quiero bailar en una discoteca llena de maricas” o bien ‘Que le den por culo a tus amigos, pasa de ellos y ven conmigo”), su música rápida y ruidosa, pero cuentan con un público fiel, que sabe valorar su muy particular sentido del humor negro y un gusto exquisito para seleccionar las imágenes que acompañan a sus conciertos.

Por último, la chilena Javiera Mena se propuso como la sustituta ideal de Alaska: una especie de reencarnación ‘chic’ que combina carisma, estribillos pop (‘Primera estrella’ fue coreadísima), una electrónica sin prejuicios enfocada al baile y una deliciosa grandilocuencia cargada de magnetismo.

 

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